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Yoga en el parque


La postura del Guerrero
Cuando comencé a practicar Yoga, animada por una amiga. Confieso que en los primeros meses no estaba segura que continuara asistiendo a las clas clases. No acertaba a ver esas cualidades tan maravillosas que la gente decía, me parecía que unas cuantas posturas (Asanas) fueran capaces de producir esos efectos tan extraordinarios.
Yo entonces debo reconocer que buscaba soluciones rápidas que me sacaran del sufrimiento y malestar que tenía desde hacía tiempo. Algo parecido a una pastilla milagrosa, pues de pastillas, ya iba yo bien surtida, pues a cada consulta que acudía, salía con nuevos "refuerzos" para el arsenal de medicinas que guardaba en casa. Algo comprensible, pues para quien sufre, la única obsesión es encontrarse bien.
Pero tuvo que pasar tiempo, para darme cuenta que en la vida todo tiene su ritmo, Y conocernos a nosotros mismos y también a sentir y entender las señales que nos envía nuestro cuerpo, requiere atención por nuestra parte.

A causa de la vida tan competitiva que la sociedad nos impone, no nos queda tiempo para dedicarlo a nosotros mismos y terminamos convirtiéndonos en unos extraños que habitan un cuerpo al que les cuesta reconocer.
Debido a esta desconexión de mente cuerpo en la que la mayoría de la gente vive, se ve forzada a acudir a las consultas de médicos y a ingerir cantidades ingentes de fármacos. Que por desgracia no siempre surten los efectos buscados, pero sí algunas contraindicaciones algo más que"secundarias".
Precisamente huyendo de dependencias a fármacos y buscando el equilibrio interior, comencé a buscar otros remedios y a cambiar métodos y costumbres.
Estirar y relajarse
La llegada del Yoga a mí vida, significó abrir una vía al cambio y con ella a tener más autonomía sobre mi salud. Aprender a confiar en uno mismo, cuando llevamos mucho tiempo delegando todo compromiso, no resulta fácil

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